2022-05-26

Lectura

Durante los últimos años se han producido varios cambios políticos en Euskal Herria. En vista de dichos cambios, algunos y algunas militantes nos hemos visto, inevitablemente, obligadas a tomar la lucha por la amnistía y contra la represión y hacer algunas reflexiones.

Hasta ahora, la lucha por la amnistía en Euskal Herria ha estado mayoritariamente ligada a un sector muy concreto, es decir, al Movimiento de Liberación Nacional Vasco. Esta lucha llevada a cabo en el último medio siglo nos ha dejado, entre otras cosas, varios represaliados y represaliadas políticas. El abandono de la lucha armada y de otras formas de resistencia, no ha abierto nuevos espacios para la lucha por la amnistía: la represión sigue aumentando y extendiéndose. Están reprimiendo todo tipo de movilizaciones populares (solidarias, antifascistas, anti-desahucios, ecologistas…), movilizaciones obreras y luchas sindicales y, en general, a la disidencia política.

La opresión nacional y social que sufre por parte de los Estados español y francés la clase obrera vasca es una realidad que no se puede negar. El fin de la lucha armada no ha supuesto ningún avance en lo que respecta a la cuestión nacional y mucho menos en lo que respecta a la cuestión de clase. Por otra parte, las instituciones vascas, lejos de suponer un avance a los problemas acuciantes han supuesto todo lo contrario, un retroceso en cuanto a la lucha por los derechos y libertades de Euskal Herria. Tampoco ha supuesto ningún cambio significativo la llegada al gobierno de España de la supuesta izquierda institucional (con la ayuda de los partidos reformistas y nacionalistas vascos). Ni siquiera con el “gobierno más progresista de la historia” se ha dado un respiro a la clase obrera y los demás sectores populares; ni la reforma laboral, ni la ley mordaza han sido derogadas y, ni mucho menos, la ley de partidos o la ley antiterrorista. Todas aquellas promesas de los reformistas han caído en saco roto.

“Que las falsas ilusiones y los cambios de rumbo no sirvan como coartada para apagar la lucha, para acabar con esa opción que todo pueblo o clase oprimida tiene, la de defender como sea necesario sus intereses colectivos.” Jon Kepa Preciado.

En las movilizaciones obreras y de los demás sectores populares se está viendo un aumento de la represión debido a las diferentes leyes impuestas ya mencionadas. Un clarísimo ejemplo de esto lo hemos podido observar durante esta última etapa de crisis sanitaria que vivimos, donde las pocos derechos y libertades democráticas que nos quedaban han sido borrados de un plumazo aumentando el carácter represivo de los estados.

Las detenciones y encarcelamientos, los montajes policiales, las multas, los desahucios, los despidos y un largo etc. no han cesado en ningún momento. La crisis que sufre el capitalismo y, a su vez, acelerada por la crisis sanitaria va a agudizar, más aún si cabe, las contradicciones entre clases, lo que supone un aumento en la escalada represiva de los estados autoritarios.

“Quizá resulte gracioso el decir que cuento con 3 comidas diarias y que no me falta techo donde cobijarme… de este modo pretendo expresar el hecho de que cada vez haya más personas y familias en los umbrales de la miseria, cada vez se agrandan más las diferencias de clase entre explotados y explotadores.” Patxi Ruiz.

Breve balance histórico y político

Llegados a este punto, debemos hacer un análisis más detallado de los enemigos a los que nos enfrentamos y del desarrollo histórico de los Estados que oprimen a este pueblo, ya que estos mismos son los instrumentos de la burguesía para hacer uso de la represión.

El Estado es el arma de represión de una clase sobre otra.” Lenin.

En la etapa “democrática” del Estado español, en lo que respecta a la represión nunca ha habido ningún cambio significativo en función de quién gobierne. La monarquía ya se encargó fielmente de mantenerlo todo “atado y bien atado” sobre la base de los “Principios inmutables del Movimiento Nacional”, por lo que todas las herramientas necesarias para la represión y la opresión de los pueblos continuaron intactas tras la muerte de Franco.

La lucha contra la opresión y la explotación llevada a cabo por las masas, tanto de nuestro pueblo y como la del resto del Estado, empujó al Régimen a realizar un “cambio” político, maniobra que los propios franquistas ya venían preparando desde años atrás con la intención de integrarse económica y militarmente en el bloque imperialista y, a su vez, integrar a la oposición en el sistema. Dicho “cambio” supuso la Reforma Política de 1976 y acabó dando forma a la Constitución de 1978. Una Constitución profundamente antidemocrática amparada por los propios fascistas y que afianza la monarquía, el sistema de explotación capitalista y la opresión de las nacionalidades.

Franquismo, Transición sin cambios y con traiciones y Falsa Democracia son las últimas etapas en la historia del Estado español.” Jon Kepa Preciado.

No es ningún secreto hoy en día que los altos mandos, las poltronas, los policías, los jueces, la televisión y la prensa se mantuvieron intactas. Los tres poderes del Estado, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, siguieron en manos de aquellos que se sublevaron en julio de 1936. La misma oligarquía que se enriqueció en la época franquista es la que continúa hoy día en el poder ejerciendo el terror.

“El fascismo en el poder… es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.” Dimitrov.

En cuanto al Estado francés, la revolución burguesa que se produjo en 1789 no trajo beneficios para Euskal Herria. Por el contrario, profundizó en la opresión nacional del pueblo vasco: menosprecio del euskera, imposición del francés y de las ideas de la república francesa, etc.

Los conceptos burgueses de libertad, igualdad y fraternidad son elementos reaccionarios y corruptos para nuestro pueblo y para nuestra clase. La experiencia de la Comuna de París no tuvo excesivo eco en nuestra tierra. La Primera Guerra Mundial sólo sirvió para que los vascos y vascas fuesen a la guerra por el imperialismo francés: “euskaraz baizik ez zakiten haiek: mourts pour la patrie”. Murieron violentamente por esa patria etnocida, de capitalismo salvaje y de la barbarie constante contra las colonias.

Aunque los primeros en liberar París durante la Segunda Guerra Mundial fueron los gudaris vascos del Batallón Gernika, los sucesivos gobiernos hicieron la vista gorda y sabemos perfectamente que Francia no ha tenido nunca ni tendrá otro proyecto político para Euskal Herria que no sea el de la opresión y la explotación.

En cuanto a las últimas décadas, el Estado francés, siendo también parte del bloque imperialista en Europa, si bien en una época los refugiados vascos gozaban de cierta libertad de movimiento en su territorio, finalmente terminó colaborando estrechamente junto al Estado español en lo que respecta a la opresión y la explotación de nuestro pueblo.

Actualmente el Estado francés se ha visto obligado a aplazar la aprobación la Ley de Seguridad Global debido a la oposición que ha encontrado en la calle, pero su intención es aprobarla en un futuro próximo. Aunque uno de los aspectos que más ha trascendido de esta ley es el artículo por el cuál se prohibe la difusión de imágenes de policías durante sus actuaciones, contiene otros artículos que atacan frontalmente a la libertad: uso de drones para el control masivo de personas, mecanismos de reconocimiento facial, equiparamiento de policías municipales con policías nacionales, extensión de las funciones de las empresas de seguridad privada, autorización para entrar armados en establecimientos públicos a policías y militares fuera de servicio, aumento de penas a personas condenadas por acciones contra policías, etc.

A todo esto habría que sumarle el fichero FIJAIT, por el cual y bajo la excusa de la lucha contra el yihadismo se somete a control a los ex presos que hayan sido condenados en el Tribunal Correcional de París. Control que incluye obligación de comunicar la localización del ex preso, cambios de domicilio…

Las consecuencias de continuar bajo el yugo de los Estados francés y español, con la complicidad de todas las fuerzas políticas que lo sustentan de una u otra manera legitimando la antidemocrática Constitución española, tiene unos efectos palpables en nuestro pueblo.

El continuo recorte de libertades, la explotación, la negación del derecho a la autodeterminación, el terrorismo de Estado, la desatención medica de los presos y presas políticas, la dispersión, la tortura, los asesinatos, las detenciones, la brutalidad policial y la corrupción han sido una constante en la historia de los estados español y francés.

Las condiciones laborales de la clase obrera han empeorado estrepitosamente y su nivel de vida se está viendo mermado día a día. Esta explotación laboral está intensificando la confrontación entre la clase trabajadora y la patronal y todas las instituciones que la amparan. Por otra parte, diferentes sectores populares están siendo testigos del recorte sistemático libertades y de la podredumbre y corrupción que campa a sus anchas en todas las instituciones. La ilegalización de organizaciones, el cierre de periódicos, detenciones y encarcelamientos de militantes políticos, twitteros, artistas, desatención médica en las cárceles, la aplicación del 155 en Catalunya…

“…desde el frente común antifascista de las distintas naciones, esta reivindicación está adoptando el papel democrático e histórico que coloca en la picota la reforma ‘pacífica’ del fascismo en el ‘78. Hoy en Catalunya la burguesía reclama Amnistía; en las calles de Madrid 6.000 personas reclaman la libertad de los presos políticos, la amnistía, etc. ¿Y en Euskal Herria? Pues el sectarismo, que se cumpla la ley…” Dani Pastor.

La Constitución española pretende afianzar la “indivisible unidad de la nación española”. Por lo tanto, supone la anulación de facto de Euskal Herria, así como de las demás nacionalidades del Estado. En cuanto a la República Francesa, la situación es aún más grave: las lenguas de las naciones oprimidas están casi a punto de desaparecer y no tienen ninguna ayuda por parte del Estado, ni estatutos de autonomía ni nada.

No olvidemos que una de las principales razones por las que los fascistas se levantaron en armas contra la Republica Popular fue, precisamente, para evitar el ejercicio del derecho de autodeterminación. La sacrosanta unidad fue y sigue siendo uno de los pilares fundamentales de España. Por esto mismo, el Estado no ha dudado en ningún momento en utilizar todo su aparato represivo contra el pueblo catalán y sus líderes independentistas durante el procés. A pesar de utilizar métodos de lucha pacíficos, el Estado tampoco dudó en incluso amenazar militarmente al pueblo catalán.

En Euskal Herria, el terrorismo de estado y la guerra sucia han sido más notorios debido a la intensidad de la lucha llevada a cabo. Por poner un ejemplo, los asesinatos de Mikel Zabalza, Lasa y Zabala son, entre otros tantos, una muestra clara del terrorismo de estado llevado a cabo, ni más ni menos, que por el propio PSOE, responsable de los GAL, en la etapa “democrática” del Estado. Las grabaciones publicadas en varios medios en las que se puede escuchar a un exdirector del Cesid junto a un capitán de la Guardia Civil ponen en evidencia, una vez más, la impunidad con la que gozan quienes ejercen la represión. Son innumerables los casos de tortura, secuestros y asesinatos llevados a cabo por las diferentes policías y organizaciones terroristas creadas y amparadas por el propio Estado. ¿De qué democracia nos hablan cuando los mismos policías, militares y jueces que actuaban en la época franquista siguen actuando de la misma forma, y con total impunidad, una vez en pasada la falsa transición?

No nos cabe la menor duda de que actualmente se repiten este tipo de actos espeluznantes hacia los militantes políticos que son secuestrados por las fuerzas represivas del Estado, sean del color que sean e independientemente quién esté en el gobierno ¡La policía tortura y asesina con total impunidad!

Dicho esto, cabe mencionar la complicidad de la burguesía vasca en lo que respecta a la represión. La Policía Foral y la Ertzaintza son colaboradores y participes directos de todas las atrocidades llevadas a cabo por los Estados autoritarios. El Gobierno vasco del PNV y su policía son parte del aparato represivo del Estado, que en busca de su beneficio económico jamás ha dudado en colaborar con los opresores para continuar perpetuando la explotación y la opresión de nuestro pueblo.

Tomo posesión como Lendakari del País Vasco, y asumo el cargo de representante ordinario del Estado en su territorio, que cumpliré con lealtad a la Corona.” Iñigo Urkullu. 5-9-2020.

Es por todo esto, por lo que el Estado se encuentra totalmente preparado y acondicionado para ejercer la represión de manera generalizada, ya que la superestructura política, jurídica e ideológica es heredera directa del franquismo. De ahí su carácter monopolista, centralista, terrorista y fascista.